domingo, 20 de septiembre de 2009

Teatro

Hace un rato volví de ver por primera vez una obra de teatro. Más allá de la obra que vi (que después más al final voy a pasar a recomendar debidamente, con la info necesaria y todos los chiches), escribo más que nada motivada por lo que me produjo y las sensaciones y recuerdos que me trajo.
Como dije antes, fue la primera vez. Nunca había estado en un teatro (bueno, sí, pero no viendo justamente teatro). Fue como ver una película pero multiplicando 100 veces la ansiedad y la atención. Fue como leer una novela pero dejando que otro haga el trabajo de tu imaginación. Fue como escuchar 1000 canciones a la vez, todas gritandote que sientas algo diferente, que notes algo que sumado forma un todo. Fue como escuchar una historia y que otro interprete lo que a vos te hace sentir, o debería.
Nunca había visto teatro. Nunca se me había puesto la piel de gallina viendo un actor caerse (no tirarse) y asustarme de que no se pueda levantar (y es que perdés la noción de persona-personaje).
Nunca había pensado todo lo que luchan los actores para estar donde están y para llegarle a la gente. Nunca había pensado que el que hace cine está incompleto, le falta algo, le falta un feedback, le falta tener ahí a la persona a la que le está hablando y dejando un mensaje. Nunca me había puesto a pensar que el chabón que labura en la tele le habla a una cámara. Si, hay personas en sus casas que ven lo que ve esa cámara. Pero (aún sabiendo lo que es estar sobre un escenario) nunca me había puesto a pensar la importancia que tiene el público, la importancia que tiene tener ahí a menos de 2 metros al destinatario de tu arte.
Nunca me había preguntado porqué nunca lloré con un libro o una peli, hasta que un actor, un viejito conocido mío, me hizo emocionar, hablando desde la piel del personaje de un viejo actor.
Nunca me había preguntado porqué nunca pensé ir al teatro. Hoy me pregunto porqué llevo tiempo perdiendome algo así.

La obra que ví se llama Rojos globos rojos. Es de Eduardo Pavlovsky y (para la gente de Mardel -o no- que esté interesada) les recomiendo enormemente ir a verla el 3 o el 17 de octubre (y quizás haya más funciones en un futuro), en la sala Nachman del teatro Auditorium. El director es Ernesto Parise y los protagonistas son Angel Balestrini, Mariana Falcioni y Valeria Guazelli. A pesar de haberla visto empezada y tirada en el piso (jajaja sí, un desperfecto técnico, no pregunten) está más que claro que la obra me gustó, y que pienso empezar a incursionar un poquito en éste (casi diría el único) arte que tenía abandonado, o mejor dicho escondido.

Hoy descubrí una porcioncita más de mundo que me hace sentir bien. Irma y Angel tuvieron mucho que ver. Mil gracias.

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